Por Claudia López Jaramillo. Consultora asociada de Somos Awake Consultores.
Talento femenino preparado. ¿Cultura lista?
Acompañar a mujeres en su tránsito hacia posiciones de alta responsabilidad me ha permitido observar un punto de inflexión decisivo: el ascenso no comienza el día del nombramiento, comienza mucho antes, en cómo se construye y se legitima su autoridad.
Trabajo con profesionales que diseñan estratégicamente su trayectoria. Se forman, amplían su mirada de negocio, fortalecen competencias técnicas y desarrollan habilidades de liderazgo. No esperan ser elegidas; se preparan para estar listas. No improvisan su crecimiento; lo diseñan.
Sin embargo, cuando el salto ocurre, el desafío deja de ser técnico. Se vuelve cultural.
En uno de estos procesos acompañé durante meses el posicionamiento interno de una ejecutiva que asumiría un rol nacional en una estructura históricamente dominada por perfiles técnicos tradicionales y masculinos. Su principal desafío no era aprender más. Era redefinir cómo sería leída su autoridad en un sistema que asociaba liderazgo con experticia técnica dura.
En nuestras sesiones, dejamos de preguntarnos “¿qué más debo desarrollar?” para enfocarnos en algo más estratégico: ¿Qué lectura estoy haciendo del ecosistema donde quiero instalar mi liderazgo? A partir de ahí, el trabajo se centró en tres pilares:
- Narrativa de legitimidad: comunicar su propuesta de valor sin sobreactuar experticia que no definía su fortaleza real. Confiar en sus competencias.
- Mapa de actores críticos: identificar aliados, resistencias previsibles y sostener conversaciones estratégicas antes del nombramiento. Crear redes de valor internas.
- Gestión de energía y margen de error: evitar la hiper-exigencia como mecanismo de validación permanente. Regular y cuidar límites.
El resultado no fue solo un ascenso. Fue una instalación más consciente y sostenible en la nueva posición. Ahí aparece la reflexión estratégica.
Muchas organizaciones creen que el desafío está en “preparar” a más mujeres para el alto liderazgo. Mi experiencia muestra algo distinto: el talento está llegando listo. Lo que no siempre está listo es el sistema para recibirlo con criterios claros y coherentes.
El equilibrio real no es individual ni estructural por separado. Es simultáneo.
- Preparar trayectorias.
- Revisar criterios.
- Diseñar contextos que sostengan.
Solo así el liderazgo femenino deja de ser una excepción resiliente y se transforma en una expresión natural de la cultura.
