Por Claudia Calvo. Coordinadora de administración de Somos Awake Consultores.
Hay algo que he empezado a notar cuando en Somos Awake aparece una nueva oportunidad: antes de pensar en quién hará qué, el equipo empieza a conversar.
Mientras revisamos una propuesta, alguien trae una experiencia que puede ser clave. Otra persona pone sobre la mesa una pregunta que no habíamos considerado. Aparece un conocimiento que quizás no necesitábamos en la rutina, pero que frente a ese desafío adquiere un nuevo valor. Y, casi sin darnos cuenta, empezamos a armar el mapa de capacidades que tenemos disponibles.
Lo hemos vivido con especial intensidad a partir de las nuevas oportunidades de licitación en las que hemos participado. Desde fuera, una licitación puede parecer principalmente un ejercicio técnico: leer bases, revisar requisitos, construir una propuesta y cumplir con determinados plazos y entregables. Pero estar dentro del proceso nos ha permitido observar algo diferente.
Porque antes de decidir cómo responder, necesitamos entender qué estamos enfrentando. Y para eso no basta con sumar conocimientos individuales. Necesitamos poner en juego experiencia, criterio, distintas perspectivas y también la capacidad de reconocer dónde necesitamos complementar nuestra mirada.
En nuestro caso, esa conversación suele ser muy concreta. Revisamos lo que se está solicitando, contrastamos con experiencias que hemos tenido en otras organizaciones, identificamos dónde podemos aportar mayor valor y buscamos la mejor manera de articular las capacidades disponibles.
Ahí aparece algo que me parece notable: hay capacidades que no siempre son visibles en la rutina. Es el desafío el que las hace aparecer.
En mi experiencia, ese proceso tiene tres movimientos:
- Identificar, reconociendo las capacidades, experiencias y conocimientos que tenemos disponibles y también aquello que necesitamos complementar.
- Integrar, poniendo esas capacidades en conversación para construir una lectura más completa del desafío.
- Movilizar, transformando esa lectura en decisiones y acciones, de acuerdo con lo que la situación requiere.
Significa saber cuándo una determinada capacidad puede hacer una diferencia y crear las condiciones para que contribuya al resultado colectivo.
Esto también es algo que observamos en las organizaciones con las que trabajamos. Frente a un cambio, un proyecto nuevo o una situación de incertidumbre, muchas veces el desafío es desarrollar nuevas capacidades y también es aprender a reconocer y articular mejor las que ya existen.
Quizás por eso, además de preguntarnos qué sabemos hacer, vale la pena preguntarnos:
¿Qué aparece en nosotros cuando el contexto nos desafía a algo distinto?
